Era un sábado de tarde muy tranquilo. No tenía pensado salir a la noche pero me llegó un whatsapp de mi amiga Julieta que decía de hacer algo. Más tarde llegó a mi casa y nos cambiamos. Yo me puse una musculosa de rosas rojas y negras muy descotada con una falda negra tiro alto y mi amiga usó un vestido estilo hippie chic verde con un cinto marron. Ya listas, salimos a divertirnos.

Estábamos adentro de la fiesta y no había mucha gente para ser sábado a las 2 am. Se hicieron las 3 am y todo seguía igual, poca gente, más mujeres que hombres y los pocos que habían no eran muy agraciados. Tomamos la decisión de irnos a otro lugar que solíamos frecuentar. Llegamos y había mucha más gente y nos dieron de tomar gratis por ser habitué.

Julieta y yo nos quedamos en la barra, ella tomaba un speed con vodka y yo agua y jugo de naranja. Después de tanto ejercicio en la semana no podía estropear todo tomando alcohol. Ya eran las 5 am y Julieta me dice: “¿Querés que vayamos a hacer after por acá?” y le respondí: “Bueno pero te aviso que yo no tengo un peso”. Me terminó de convencer y salimos nuevamente.

Mientras íbamos caminando con nuestros tacos por toda la vereda destrozada, pasamos por la puerta de un boliche que yo nunca había ido. Julieta me dijo: “Entremos así conoces”. Yo no estaba muy convencida pero él seguridad nos dejó pasar sin pagar. El lugar tenía una onda muy hippie para mi gusto aunque en el ambiente había de todo tipo de gente. Era como una casa vieja con ventanas grandes, una escalera muy antigua, los baños eran muy feos no servían para sacarse selfies y tenía una terraza muy rustica con la barra, mesas y sillas de madera, luces navideñas para decorar y algunas lámparas que le daban un toque relajado.

Nos quedamos con mi amiga en la terraza y se nos acercaron dos chicos uno flaco con corte estilo Beatles con bigote y otro gordito. Eran muy simpáticos pero no de nuestro estilo. Luego, se acercó otro chico alto, morocho, ojos marrones claros que quería bailar conmigo. Mi amiga no dejaba de hablar con los dos primeros que se nos acercaron. En un momento le hice una seña a mi amiga para que salgamos de ahí. No había caso, no nos dejaban ir.

De pronto al lado mío veo un chico de camisa azul con los dos primeros botones desprendidos, con una cadena de oro en su cuello, unos jeans negros y zapatos de vestir del mismo color. Tenía pelo castaño, ojos color verdes y miel a la vez, muy parecido a Christian Grey de la película “50 sombras de Grey”. Sin palabras, era encantador. Mientras, el morocho pesado me intentaba sacar a bailar hubo un juego de miradas entre nosotros dos. Él estaba parado completamente solo tomando una cerveza.

“¿Cómo me va a sacar a bailar si tengo estos pesados encima?”, me preguntaba a mi misma. Le hice otra vez seña a Julieta para que se acerque y le dije: “Juli ya me cansé de hablar con estos. Sacamelos de encima que hay uno que me gusta y parece que hay onda”. En ese momento mi Christian Grey bajó al primer piso.

“¡Julieta vamos abajo ya!”, le dije. La tiré del brazo y bajamos disimuladamente por las escaleras para que no llegase a pensar que en realidad lo estábamos persiguiendo. Seguía solo, tomando su cerveza, sin ninguna expresividad en su hermoso rostro, relajado y tranquilo. Me iba acercando cada vez más, estábamos a 30 cm uno del otro. Pero él no me hablaba.

Julieta fue al baño y me quedé sola al lado de él. Era la oportunidad de establecer una conversación. En ese momento vino otro chico y me empezó a hablar. Intenté ser bastante sutil y cortarle la charla para poder seguir con mi plan.

Llegó mi amiga del baño.
-Mira hay un chico que encanta pero no me habla ¿Qué le digo?.
-Pregúntale que donde queda el after que queremos ir.

Perfecto ya tenía el plan, el chico y la pregunta. Ahora a respirar hondo y  a encararlo. Estaba a punto de hablarle y se me pusieron dos chicas entre él y yo. Tenía que correr a las chicas para poder conversar porque él estaba apoyado en la pared. Se movieron las chicas y vino el chico con corte de Beatles y bigote y puso su mano en la pared entre medio de mi Christian y yo. No había forma. Todos se habían organizado estratégicamente para que no hablará con él. Cuando sacó la mano de entremedio.

-Disculpame
Se me acerca tocándome el hombro.
– Si, decime
– ¿Sabes donde queda un after por acá?
– No, la verdad ni idea.

La conversación no podía terminar ahí. Me volví acercar.

– ¿Estas solo o qué?
– No, yo vine con unos amigos. Pero desaparecieron desde que llegamos. No sé dónde están.
– Igual el boliche no es tan grande para que no los encuentres.
– Si, voy a esperar un ratito.
– ¿Querés venir al after con nosotras?

Mi Grey, mi amiga y yo nos fuimos al after. Ya eran las 7 am. Entramos por una entrada super pequeña, el seguridad ocupaba casi toda la pasada. Nos revisaron las carteras, a él no le pidieron nada, paso sin problemas. A penas pasábamos la puerta de entrada, nos encontrábamos con una pista que estaba vacía. Seguimos caminando y había otro sector donde había algo de gente, una barra pequeña y los baños. El lugar era oscuro con una luz roja tenue. Subimos los tres por las escaleras que estaban después del baño de mujeres. En el segundo piso era todo un descontrol, casi no podíamos caminar. La música era electrónica y había mucha gente drogada, demasiado perdida. No me hablaba mucho por eso tomé la decisión de cortar con el silencio.

– ¿Todo bien?
– Si, todo bien.
– Disculpame, nunca te pregunté tu nombre. ¿Cómo te llamas?
– Augusto.
– Yo soy Victoria. ¿A que te dedicas?
– Trabajo en un banco, ¿vos?
– Soy diseñadora web.
– Ah, mira vos.

A todo esto mi amiga estaba ahí por momentos hablaba con alguno que otro chico que pasaba.
– ¿Cuántos años tenes Augusto?
– 29, ¿vos?
– 23.
– ¿En qué fecha naciste?
– ¿Crees en eso de los signos?
– No, aunque a veces le pegan en algunas cosas.
– 20 de abril.
– ¿Aries?
– No, Tauro.
– Cerca.

Yo no sabía cómo sacarme mi amiga de encima hasta que milagrosamente Julieta se encontró unos amigos. “Juli, voy a estar en los sillones de ahí”, le dije. En el fondo de la pista a la derecha, había una pieza rodeada de sillones negros, un espejo gigante y una luz roja que ambientaba el sector.

– Sentémonos acá. Así charlamos un rato. Te quiero decir algo.
– Decime.
– Yo en verdad sabía dónde quedaba el after. Pero quería hablarte y como vos no te acercabas, lo tuve que hacer yo.
Sonríe y se me acerca más. Nos miramos a los ojos y me besa. Su beso era lento, sus labios eran suaves y su lengua era de seda. Con su mano acariciaba mi cintura, con la otra recorría mis muslos. Yo tocaba su cuello y baje la mano para tocarle la panza, como imaginaba tenía los abdominales marcados. Después de unos minutos, termina el beso, nos miramos a los ojos y Augusto me pregunta:

– ¿Por qué me miras así?.
– ¿Así como?.
– Desafiante.
– No, no te estoy mirando desafiante. Solo te miro.
– Tenes una mirada desafiante.
– Lo soy.
– ¿Ah sí? ¿En qué sentido?.
– En todos los sentidos.
El clima se volvió más caliente y se vuelve acercar para besarme, estábamos a dos centímetros de tocar nuestros labios y llegó mi amiga.

– Acompáñame al baño, por fa, me dijo mi amiga.
– ¿Ahora?, le respondí.
– Si, por favor.
Lo miré a él y le digo “Espérame 1 minuto, ya vuelvo”.

Bajamos las escaleras. Mi amiga entró al baño y yo me quedé a fuera esperando de los baños. Después, subimos las escaleras, crucé la pista rápido hasta llegar al sector donde estábamos sentados. No quería hacerlo esperar ni un minuto más. Llegué al sector donde me estaba esperando.

No estaba.

Había desaparecido.

En mi cabeza pasaron miles de preguntas. ¿Cómo no lo vi cuando bajo si el baño quedaba cerca de la puerta de salida? ¿Por qué no se despidió? ¿Si no le gustaba, por que vino hasta este boliche conmigo? ¿Tan rápido pudo haber bajado y haberse ido que no lo vi pasar? ¿Cómo no le pedí su número o su apellido?

Mi amiga se me acerca:
– ¿Qué te pasa?
– Se fué.
– ¿Quién?
– El chico que estaba conmigo.
De pronto se me encrespó toda la piel. Mi amiga me respondió: “Pero si estuviste sola toda la noche”.

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