Estábamos adentro del auto en la puerta de mi casa, me estaba por despedir y me da un beso. Fue todo desprevenido pero era tan rico ese beso que no podía frenarlo. Nos besábamos apasionadamente y sus manos acariciaban mi cola, las mías su pecho. El auto estaba todo empañado de nuestra respiración. Nuestros cuerpos ardían. Todo se puso más caliente cuando metió su mano por debajo de mi tanga y yo estaba empapada.

El hizo para atrás el asiento del auto y le digo “No vamos a tener sexo acá” y me dice “Esta bien, disculpa” y enciende el auto. Yo pensaba que me iba a despedir pero no, arrancó y me dijo “Vamos a mi casa”. En el camino paso todos los semáforos en rojos estaba desesperado por llegar, ya eran las 5 am y no había nadie en la calle.

Llegamos y vivía en un edificio hermoso, subimos el ascensor y entramos a su departamento. Todo estaba súper ordenado, había un sillón elegante con un televisor de no sé cuántas pulgadas pero era muy grande.

Entré al baño para peinarme un poco para estar diez puntos. Él me esperaba en el sillón. Cuando salgo, nuevamente nos empezamos a besar. Creo que nunca había estado tan caliente en mi vida. Me excitaba tocarle todo su cuerpo con mis uñas. Se le ponía la piel de gallina cuando lo hacía y a la vez tenía escalofríos. Me subí arriba de él, tenía un vestido negro muy corto, descotado. Lo besé por todo su cuerpo. Me detuve en su oído y mientras le respiraba, lo mordía y lo chupaba. No aguantaba más, mi cuerpo necesitaba que él me penetre.

Me saqué el vestido, me quedé con mi ropa interior negra y le quité la remera. Lentamente pasaba las yemas de mis dedos por su pecho y a la vez frotaba mi vagina sobre su pantalón. Lo desnudé y le empecé a chupar el pene lentamente, pasé mi lengua por el tronco, hice círculos en la punta de su glande y me lo metí hasta el fondo de mi boca. Después, le dije “Metemelo”, se colocó el preservativo y se subió arriba mío. Teniéndolo encima le besaba el cuello y le rasguñaba la espalda muy despacio. Desenfrenadamente me penetraba hasta que los dos tuvimos sincronizadamente un orgasmo muy intenso que nos hizo temblar hasta la punta de los pies.

Me trajo jugo de naranja y nos fuimos a dormir. Me gustaba tanto que me intimidaba dormir al lado de él. Sentía algo frío en él.  Se durmió a penas apoyo su cabeza en la almohada.

Siempre tuve seguridad en mí pero él me ponía nerviosa. Necesitaba ser única en su vida. Fui al baño, me corregí el maquillaje y me quedé despierta mucho tiempo hasta que logré dormirme. Hasta en los sueños pensaba que tenía sexo con él. Luego me desperté y lo empecé a tocar, se puso el forro y me lo hizo de costado y después me masturbó. No estaba tan excitada pero me gustaba pensar que quisiera tener sexo otra vez. Cuando terminó, nos cambiamos y me acercó a mi casa. En el camino estaba callada, no sabía que hablarle. Sentía algo raro en mí, algo que no había sentido hacía mucho.

Si, era amor.

Antes de bajarme me dijo que no contara nada a nadie y que no iba a suceder de nuevo porque él era mi jefe.

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.Directora de Mundo Lujuria (www.mundolujuria.com) .Periodista en Agencia NOVA

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