Tuvimos noches de sexo inolvidables que no nos permitía distanciarnos. Estaba presa a sus sabanas pero con el tiempo me di cuenta que era más que noches lujuriosas. Nunca nos formalizamos porque según él no era el momento, yo pensaba que había que intentarlo pero acepté seguir su juego.

Una tarde tirada en mi cama respondía sus mensajes y me pregunté: “¿Qué pasaría si uno de los dos se ponía de novio? ¿Cada uno iba a hacer su vida y nos íbamos a olvidar para siempre o nada iba a impedir que nos viéramos? La confianza que compartíamos me posibilitó a preguntarselo. Él me respondió que él me seguiría viendo a pesar que cualquiera de los dos estuviese con alguien. No supe como analizar esa respuesta, no sabía si era porque me quería o porque le gustaba tener sexo conmigo.

De un momento para el otro me pedía fotos desnuda. Él me contaba cómo se calentaba pensando en mí y la tentación era muy fuerte. Me tomé dos fotos de mis pechos al descubierto para excitarlo un poco. Me encantaba pensar que se estaba tocando pensando en mí. Me responde con  un audio diciéndome como me chuparía mis pezones y como me metería su pene en mi vagina. Él me sacó mi parte más ardiente. De solo imaginarlo me empecé a mojar.

Le respondía y le decía las ganas que tenía de tenerlo encima mío penetrándome. En ese instante me envió una solicitud de videollamada y la acepté. Con nuestras cámaras conectadas, comencé a tocar mis pechos y él me decía lo mucho que le gustaba ver mis pezones parados y mojados con mi propia saliva. Yo acariciaba mi cuerpo sensualmente, él se masturbaba y me decía “Que ricas tetas, no sabes cómo te las chuparía”.

Verlo me volvía loca, mi vagina estaba mojada. Empecé a tocarme y le mostraba por la cámara como lo hacía. Cada gemido que yo daba, él me decía lo mucho que lo calentaba y se masturbaba más rápido. Me pedía que me abriera de piernas y que le mostrara toda mi vagina mientras metía mis dedos y le decía que me la meta.

“Imaginate que estoy ahí tocándote. Ahora bajo y te paso la lengua por donde más te gusta. Quiero que tengas tu orgasmo conmigo ahí abajo chupándote toda”, me decía. Mi corazón bombeaba a mil, mis gemidos eran cada vez más fuertes, mi cuerpo se retorcía del placer y me tocaba más y más rápido.

Los dos estallamos de placer al mismo tiempo con un grito sincronizado. Mientras yo tenía mi orgasmo, en mi mente pensaba que necesitaba chuparle el pene hasta que se desmayara, quería tenerlo penetrándome desenfrenadamente contra la pared de mi habitación, mientras me jalaba mi cabello, deseaba que me eyaculará sobre todo mi pecho pero aún ansiaba que me amara.

Luego de ese momento tan íntimo, la videollamada finalizó.

Yo seguía ahí, tirada en mi cama. Sola y desnuda.

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