En una época de poca tolerancia y de mucha oferta en hombres y mujeres es más difícil decidir estar con una persona por el resto de la vida. A pesar de eso, jóvenes de veinte tantos años, que recién están comenzando a salir de la dependencia de sus padres, deciden casarse y formar un hogar.

Un momento que nunca se olvida, a pesar que muchos hubiesen querido hacerlo, es el casamiento o el primer casamiento en algunos. Pero cada vez son menos las parejas que deciden poseer el título de “casados”, hay quienes aseguran que es un antes y un después en la vida de cada uno.

Contraer matrimonio joven tiene sus beneficios como por ejemplo; tener un historial más corto de ex parejas, creer y madurar juntos, empezar de cero, viajar donde quieran sin que nada, ni nadie los ate y vivir experiencias nuevas a la par.

Aunque no todo es color de rosas, la Universidad de Washington realizó un estudio durante años, donde se hizo un seguimiento de la evolución de muchos matrimonios y determinó que casarse antes de los 25 años provoca un riesgo de divorcio.

También, existen puntos en contra para los casamientos de millennials como por ejemplo; tener poca experiencia en todo lo que conlleva la vida, acostumbrarse a estar acompañado y no saber que se siente estar solo, y tener la presión de familiares y amigos de concebir su primer hijo.

Hay otros factores como la rutina o sentir la necesidad de probar una nueva experiencia con otra persona que puede suceder matrimonios de personas mayores como de jóvenes.

Según estudios realizados en Argentina, el promedio de edad que se casaba en 1990 era de 29,3 años en varones y 28 en mujeres. Pero el rango de edades cambió notablemente en 2015, se dio como resultado que los hombres se casaban en promedio a los 34,1 años y las mujeres a los 33,2.

A pesar de los pro y contras, quienes se aman y deciden casarse se deben quitar los miedos y disfrutar de las nuevas experiencias salgan bien o mal.

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