Él abrió la puerta y la encontró nuevamente después de un año sin saber nada. Habían sido amantes, ella estaba enamorada de él pero no era correspondido. A pesar que pasara el tiempo ella no podía dejar de pensarlo, no podía sacarlo de su cabeza, sufría por no verlo.

Después de 365 días, él caminaba adelante de ella mostrándole su nueva casa, en un momento se da vuelta y ella comienza a besarlo y a acariciarlo como su fuera la primera vez. A él le encantaba, ella era su mujer prohibida. La sensual joven de pelo castaño pasó su mano acariciando su miembro, él ya se notaba en llamas.

Ella se apartó, soltó el pelo y dejó caer su vestido para caminar en ropa interior por la casa de su viejo amante. Él sin emitir una palabra fue detrás de ella.

Completamente desnuda estaba arriba de la mesada en la cocina con sus piernas abiertas. La luz de la luna atravesaba la ventana para iluminar su cuerpo.  Él se acercó, la tomó del cuello y la besó apasionadamente. Ella desprendió su camisa y le pidió que se quedara desnudo como en los viejos tiempos.

—Hiciste lo que quisiste conmigo, ahora me toca a mí —dijo ella, él sonrió de una manera picaresca y se dejó llevar. Lo sentó en una silla, ató sus manos y pies con cinta que había en uno de los cajones de la cocina y le tapó la boca con un pañuelo de seda.

—Ahora vas a sentir mi dolor — le dijo.

Puso música desde su celular y mientras sonaba “Como tú” de León Larregui, ella danzaba y lo observaba. Sonriente, se acercó y le pegó una cachetada.

—Todas las noches me masturbaba pensando en vos y a la vez lloraba — expresó la mujer de corazón roto.

Él estaba sorprendido y no sabía que iba a pasar esa noche. Estaba entregado a la furia salvaje de esa joven con sed de venganza.

“Me gusta el tiempo de tu swing
Me gusta como bailas
Elegante ultra sensual
Vampira natural
Te vuelves luna con la noche”

Ella sin parar de bailar se acercó, se arrodilló ante él y besó su entrepierna. Su lengua recorrió sus piernas y subió por su torso hasta llegar a su cuello. Se sentó sobre él y rozó su vagina por su pene.

Él estaba desorientado pero su cuerpo hervía porque le excitaba demasiado. Ella lo miró a los ojos y lo comenzó a ahorcar, mientras lo hacía sus lágrimas caían sobre su pecho ardiente.

Lo soltó y él tosió con el pañuelo en su boca. La joven de bellas curvas se alejó y lo observó desde la distancia. En su mirada se podía ver una mujer dolida que no sabía que estaba haciendo, simplemente se dejaba llevar por sus emociones. Entonces, subió el volumen de la música y se volvió a acercar a él.

Nuevamente se arrodilló y esta vez empezó a chupar su pene. Su lengua juguetona no paraba de lamer su miembro y sus manos acariciaban su abdomen.

Esquizofrénica, malvada, resentida y sensual se levantó, se puso atrás de él, acarició sus hombros y apoyó sus pechos sobre la espalda del hombre que la traicionó. Él deseaba que ella lo hiciera llegar como lo hacía en sus noches de lujuria, donde sólo ellos sabían lo que sucedía en esas cuatro paredes.

Pasaba del máximo éxtasis de placer al dolor con la rapidez que dura un orgasmo. Entonces, ella tomó una silla y se sentó enfrente de él.

—365 días,  8.760 horas y 525.600 minutos pensando en vos. Al fin te tengo otra vez acá para decirte todo lo que oculté tanto tiempo. Te amo y no puedo dejar de hacerlo. Fuimos amantes y la pasábamos muy bien. Después, terminaste con tu novia y yo esperaba que estuvieses conmigo, pero no. Nunca más me escribiste y cuando yo te dije de vernos no me respondiste” —expresó la bella mujer.

Ella le sacó el pañuelo de la boca para escucharlo. —No quería hacerte sufrir más, yo sabía lo que te estaba provocando y quería cuidarte. Me gustas, me encantas, cada vez que estoy con una mujer me acuerdo de vos porque nadie me hecho sentir tan bien” —le respondió él.

Con lágrimas en los ojos, ella le preguntó —: ¿Y por qué decidiste que nos volvamos a ver?”. Él sin pensarlo dos veces le respondió —: Porque nadie me enloqueció tanto como vos.

De repente, ella se sentó arriba de su pene. Su vagina estaba toda mojada y se movía arriba de él con una sensualidad que ni la mismísima Afrodita podría tener.

Sin poder moverse, él disfrutaba del veneno de esa Diosa del sexo. Ella mordía su cuello y lo rasguñaba con todas sus fuerzas. —Estoy por llegar — le dijo ella. — Muero por verte llegar sintiéndote adentro —le respondió él.

Su corazón se aceleró, sus pechos se veían más grandes, sus gemidos se hacían escuchar de lejos, sus cuervas se pronunciaban más y su vagina empezó a palpitar. Él llegó adentro de ella y sintieron el orgasmo más fuerte que jamás habían tenido.

De pronto, ella le volvió a meter el pañuelo en la boca. Lo miró a los ojos y le dijo —: Espero que no me extrañes. –Se vistió y se fue.

Después de estar diez horas atado, su hermana lo encontró y lo desató. Ella estaba muy preocupada pero él se notaba más que tranquilo. —No pasó nada —le dijo.

Se vistió, agarró su celular y le mandó un mensaje a la joven: “¿Qué pasa si te digo que te extraño?”.

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