Un año después de nuestra última noche, nos volvimos a ver. Eran las 4 am y decidimos encontrarnos. Bajé del taxi con mis tacos negros, mi corta pollera y mi gran escote. Nos saludamos como si recién nos conociéramos. Subimos al ascensor, ambos esquivábamos la mirada como si fuera que nos tuviésemos miedo. La puerta se abrió y entramos a su departamento.

Entré segura de mí pensando en que nada había cambiado. Pasé por piano, toqué la melodía que siempre solía tocar para llamar su atención. Luego, me senté en el sillón en el que hacía un año acostumbraba sentarme. Él permanecía parado, parecía un poco nervioso o exaltado pero yo estaba muy tranquila cruzada de piernas mirándolo fijamente.

Me preguntó si quería tomar algo y le dije que sí. Él fue hacía la cocina y yo lo seguí detrás, apoyada en la pared lo miraba detenidamente, él desviaba la mirada y me hablaba de cosas que poco me interesaban porque yo lo único que quería era tocar nuevamente su cuerpo.

Nos llamábamos “Heaven” porque cada vez que entraba su pene en mi vagina, ambos sentíamos estar en el cielo. Él decía que escuchaba la canción “Cheeck to Cheeck” de Frank Sinatra cada vez que me lo metía.

Me sirvió una copa de vino y me dirigí hacía su cama. Él se acostó a mi lado, me miró y comenzó a besarme. Mi pollera le mostraba la mitad de mi cola y noté que eso le encantaba. Me empezó a tocar y me sacó mi pollera. Luego, sus manos acariciaban mis pechos por encima de mi remera.

Muy lentamente, las yemas de mis dedos se deslizaban hasta por debajo de su pantalón. Tenía mucho deseo de sentir su pene tan duro y tan grande, siempre me provocó el mayor éxtasis cuando entraba en mi vagina. Me sacó mi remera y yo le pedí que se saqué toda su ropa. Sin que me diga una palabra, tiré a un costado las pocas prendas que me quedaban puestas.

Nuestros cuerpos estaban desnudos entrelazados. El juego comenzó cuando empezó a tocar mi vagina, sabía perfectamente cómo me gustaba, no se había olvidado. Esta empapada y yo tomaba su rico pene con mi mano.

Él recordaba todas las partes que me volvían loca, sabía cómo hacerme mojar, como acelerar mi respiración y como hacerme terminar. Encima de mi cuerpo, él chupaba mis pezones y tocaba mi clítoris. En ese momento, sentí una pequeña electricidad que recorría todo mi cuerpo hasta la punta de los pies.

Me decía lo mucho que le gustaba como me mojada y yo no aguantaba más. Con un simple: “Ponetelo”, volvimos a sentir lo que hacía un año nos prohibimos.

Me subí encima de él para poder tener cada centímetro de su miembro dentro de mí. Le puse mis pechos en su cara para que me los chupara. A la vez, movía mi cola cada vez más fuerte y más rápido. Su respiración se aceleraba.

Gemía y lo miraba fijo a los ojos desmostrandole lo mucho que me gustaba. Pasé mi lengua por su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja y le susurré: “Heaven, como extrañaba tenerte dentro mío”.

Me dio vuelta, me puso en cuatro, me sostuvo del pelo y sentí hasta mis piernas  mojadas de la excitación. Luego, tomó mi cintura y me lo daba bien duro hasta el punto de no poder más. El deseo no se había perdido. En esa posición logré llegar a los dulces orgasmos que él siempre me generaba, tres segundos después él tuvo el suyo.

Tirados sobre la cama, mirabamos el techo sin decir ni una palabra. Él rompió el silencio, me hizo saber lo mucho que le gustaba tener sexo conmigo y me confesó que hacía una semana se había separado de su novia y que pensaba que no iba a poder tener relaciones con nadie. Por último, me admitió que tenía mejor sexo conmigo que con su pareja.

A pesar del deseo que me provocaba tener sexo con él, en mi cabeza siempre rondó la idea de estar con él. Entonces le pregunté: “Sí siempre tuviste mejor sexo conmigo ¿por qué nunca me elegiste?” y me respondió: “No podría estar con alguien que podría ser mi hija”.

No iba a tratar de convencerlo de estar conmigo, él eligió sufrir por amor y podía tener a alguien que en verdad lo amara. En ese instante me di cuenta de algo, no era porque me llevaba el doble de edad si no porque los hombres nunca se quedan con quien les da el mejor sexo.

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