Carta a lectores: “Gritá, no te callés”

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Soy Giselle Pons, una mujer como todas las demás. El día que decidí a hablar y escribir sobre sexo no me imaginé las situaciones que iba a tener que enfrentarme. Cuando opté por orientar mi carrera a todo lo que era sexualidad y parejas fue porque quería y quiero incentivar a vivir el sexo de una manera más profunda que solo una descarga.

Ya no era una mortal como cualquier otra, era lo más parecido a una robot sexual, no tenía derecho a decir que “no” porque yo era “periodista de sexo”. No importa si estaba cansada, sino estaba lo suficientemente excitada, sino estaba lubricada o sino me gustaba la persona, yo tenía que decir que sí. “Vos tanto que hablas de sexo y no tenés ganas de coger conmigo”, me decían y eso se llama acoso. Y quienes me apuraron a tener sexo a pesar de mis constantes “no” se llama abuso.

Que hable de sexo no les permitía que me toquen, ni que me metan su pene sin mi consentimiento, ni que me traten de puta por solo querer mejorar la vida sexual de hombres y mujeres.

Hoy escribo esta carta a mis lectores para contarles que yo fui abusada y me cansé de callarme. No quiero reproducir el momento pero solo voy a decir algo, no tengan miedo de gritar. A pesar de mis constantes no, esa persona insistió. Él no era alguien que salió de un callejón, ni de una villa, era una persona que se sentaba en los programas de televisión.

Cuando se dice NO es NO. Muchas mujeres acceden a tener sexo porque no les queda otra opción pero no es así. Ya sea tu pareja o alguien que recién conoces o quien sea, nadie te puede obligar a nada. Si internamente no te sentís del todo convencida, decí NO y que se enoje si quiere.

El abuso o el acoso sexual es igual de grave que a un hombre golpeador que sobrepasa los derechos de las mujeres.

A los nueve años tuve un padrastro que me pegaba a mí y a mi mamá, nunca abusó sexualmente de mí pero me dejó para siempre el miedo a que un hombre me volviera a golpear. ¿Por qué no lo denunciamos? Sí, lo hicimos pero no pasó nada.

Años atrás las mujeres no eramos escuchadas, recuerdo como mi mamá tenía toda su cara hinchada y su cuerpo lleno de moretones y nadie la escuchó. Hoy todo cambió. Tanto como el abuso sexual que me hizo aquel hombre, como mi ex padrastro que me aflojó dos de mis dientes de un golpe son la misma basura porque abusan de la debilidad de la mujer y merecen ir presos.

No permitas que te peguen, ni que te obliguen a tener relaciones, ni a que te toquen cuando no querés, ni que te traten como un juguete sexual. Antes que nada las mujeres somos personas y merecemos respeto. No te calles, GRITÁ!

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