Deseos, lujuria y pasión en los premios Martín Fierro

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Te había olvidado, juro que lo hice. No hacía ni dos semanas que no te dejé de pensar, después de casi un año esperando tener noticias tuyas. Era el mejor de día de mi vida, era la premiación que siempre esperé. Creo que nunca había estado tan segura de mí misma que en esa noche. Ni siquiera se me cruzó tu nombre en ningún momento, todo lo contrario, solo pensaba en mí.

Tuve semanas muy difíciles que me llevaron a enfocarme en mis problemas y en mis metas, me di cuenta que no quería hablarte nunca más después de que te desapareciste y cada vez que te enviaba un mensaje con alguna indirecta lo único que hacías era responderme cortante.

Llegó la noche de la gala, estaba con el vestido más hermoso que jamás me había puesto, mis curvas resaltaban para no ser olvidadas, un profundo escote mostraba lo suficiente para tener fantasías y las transparencias de mi vestimenta hacía que muchos quisieran terminar de espiar lo que había debajo.

Me sentía sensual, segura, provocativa y tenaz. Cuando entré a la alfombra roja me hicieron reportajes, fotos, todos me saludaban, me decían lo bella que estaba, era el mejor día de mi vida.

Luego entré al salón, me dijeron que la previa a la entrega de premios era en el segundo piso. Subí por las escaleras y cuando levanto la vista estabas ahí.

En menos de un segundo de haberte visto, te acercaste a mí con tu bella sonrisa ¿por qué lo hiciste? Si cuando te escribía ni una pequeña e insignificante muestra de interés recibía.

– Hola – me dijiste con una simpatía que pareciera que el tiempo nunca hubiese pasado entre nosotros.

– Hey, tanto tiempo ¿Qué haces acá? ¿Estabas nominado y no me enteré? – le pregunté pero en verdad yo sabía más que nadie que no lo estaba.

– No, vine de invitado. ¿Vos estás nominada?

– Sí – dije sonrientemente para demostrarle lo feliz que estaba.

– Me alegro, te felicito. Siempre pensé que ibas a poder porque tenés mucho empuje – me respondió.

– Aunque dejé mi otro trabajo como periodista – no podía seguir ocultándole una vida perfecta la cual seguía sin tener.

– A veces tenemos que dar un paso para atrás para dar dos para adelante – me respondió y esa frase se me tatuó en mi corazón.

– Tenés razón – y sin perder la oportunidad, le tenía que preguntar porque se desapareció. – Te desapareciste, ¿qué pasó? –.

– Nada – me dijo.

– ¿Qué pasó? – le insistí.

– Nada, empecé a salir con una chica y eso –.

Lentamente mi corazón se iba desintegrando pero mi orgullo no iba a permitir que tirara todo por la borda. – ¡Qué bien! Me alegro por vos. Te felicito. Mientras seas feliz… – le respondí con la sonrisa más falsa que jamás había puesto.

No pudimos hablar mucho más, sus amigos lo llamaban y los míos también. Luego, coincidimos en la misma barra y me dijo – ¿Querés que te pida algo? –. – Sí, lo que vos tomes – . “¿Cómo decirte que no? Lo tomaría aunque fuese veneno”, pensé.

Luego, te sentaste con tus compañeros y pasé frente a tu mesa con la excusa de ir al baño para verte solo un rato más. Te miré de reojo y vos no me sacaste la mirada.

Entré al baño, estaba mirándome en el espejo y sentí cuando unas manos que ya conocía me acariciaban mi cuello y recorrían mi cintura. Sin abrir los ojos, besé tu boca y la sentía como si fuese ayer. El calor de tu cuerpo me hacía acelerar el corazón, en el oído me decías que te encantaba recordar viejos momentos. Deslizabas tus suaves manos y las metías atrevidamente por debajo de mi vestido y a la vez me besabas esperando escuchar mis gemidos.

Sentías lo mojada que estaba porque con solo apoyar tus dedos sobre mi piel me volvía una hoguera. Pasabas tu lengua sobre mi pecho, me desprendí mi vestido para que pudieras jugar con mis pezones. Mientras lo hacías tocabas mi vagina, no podía contener mis ganas de que me penetraras.

Sin esperar un segundo más, metí mi mano dentro de tu pantalón, te miré a los ojos y te dije – Quiero que me hagas tuya – .

Me diste vuelta, me penetraste y en el oído me dijiste – Me encanta como te mojas –. Estaba en llamas y amaba sentirte dentro de mí otra vez.

De repente, escuchamos que solicitaban por micrófono que todos los nominados fueran a tomar asiento. Salí rápido y no pude ni siquiera despedirte.

Estaba sentada frente del escenario y los invitados podían apreciar la premiación desde los palcos del segundo piso. Esperaba a que me mencionaran lo antes posible para saber si gané o no y así irte a buscar.

Las ternas pasaban y pasaban y no llegaba la mía. Ansiosa, ilusionada y con un corazón por sanar no gané el premio. Sin esperar más tiempo y sin preocuparme por la derrota subí las escaleras y te busqué.

Mientras recorría el lugar, recuerdos se interponían en mi camino. Fui tu amante, me enamoré de vos y no fui correspondida. Sané mi corazón roto y luego apareciste dándome esperanza.

Te buscaba entremedio de la gente, pero no estabas. Te habías ido. Dejaste tu rastro en mi corazón y nuevamente me quedé con las manos vacías pero con más relatos para escribir porque vos sos mi inspiración.

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