La madrugada de un sábado

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Por Sofía de Azevedo

“Estaba borracha”, “Fijate lo que tenias puesto”, “Yo la vi que bailaban, seguro lo estaba provocando”, “Bueno pero tampoco es que le pegó”, “Estuvo con un montón de tipos, es una puta”, esas son algunas de las frases que tenemos que escuchar. Frases que reflejan una sociedad que se gestó con el gen de la desigualdad.

Es importante que visibilicemos que estas cosas pasan por no naturalizarlas. ¿En qué momento empezamos a adjudicarle la responsabilidad a la víctima? Es enfermo. Durante años las mujeres fuimos trofeos de guerra, un nombre más, un par de piernas más que pudieron abrir, un culo más que pudieron tocar, una teta que chuparon.

Es enfermo que todavía tengamos que aclarar, justificarnos. Tratar de defendernos. Es enfermo que caminemos por la calle y miremos para atrás para ver si alguien, el tipo que nos dijo algo nos esté siguiendo, porque si miramos dos veces a lo mejor no la contamos. Y es que una no puede darse el lujo de dudar. ¿Es un cuchillo o son las llaves?, Ese auto está frenando la marcha, el semaforo está en verde. ¿Sigo caminando o me meto en esa farmacia?.

Es enfermo haber llegado al punto de mirarte con una desconocida por la calle y que con esa sola mirada entendamos que hay algo que está mal. Porque no está bien. No esta bien que una piba tenga que esconder las marcas que le dejó su violador. ¿Y si no le dejo marcas? Bueno entonces no debe haber sido tan grave, van a decirle. Pero claro, ¿Y si estaba dormida y no podía defenderse? ¿Y si estaba inconsciente? ¿Y si no tenía forma de decir que no porque no tenía forma de expresar su voluntad?

Pónganse en la cabeza de ella, en el momento en que recobra la consciencia y se da cuenta de que su violador la está penetrando. En el momento en el que puede reaccionar, miles de pensamientos se le agolpan en la cabeza y no puede tomar una decisión. “no me lo puedo sacar de encima. Tengo que salir de acá. Me va a pegar. Me duele. Entreno, tengo más fuerza, yo puedo. No. No puedo pegarle. Todos lo conocen, me va a hacer quedar como una loca. Necesito sacarmelo de encima.” Y una llora por dentro. Y toma una decisión. La decisión que puede, que le sale. Todas las decisiones son correctas.

Yo lo enfrente. Le pegue. Seguro no debe de haber sentido nada pero algo le quedó claro. Conmigo no. Y con las otras pibas tampoco. Otra trompada. El mensaje llegó.

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